3 de marzo por Vincent Noirhomme
Fuente: American Association of University Professors, CC, Flickr, https://www.flickr.com/photos/aaup/52776895017
En cuatro años, el gobierno de Biden-Harris logró anular la deuda estudiantil de 5,3 millones de personas por un monto total de 189.000 millones de dólares. Realmente un récord, pero que significa poco frente a los 1.777.000 millones de dólares (¡más de 1,7 billones de dólares!) que es la suma total de la deuda estudiantil en Estados Unidos. Incapaz de aportar cambios estructurales en un sistema de préstamos a estudiantes, completamente quebrado, Biden remite la suerte de cerca de 43 millones de estudiantes a las manos de un Donald Trump, que no parece que considere a la educación como un tema importante.
Entre 2006 y 2024, la deuda estudiantil pasó de 520.000 millones de dólares a 1,770 billones de dólares
Lo había prometido durante su campaña, y dejó su puesto con el sentimiento del deber cumplido. Joe Biden es el presidente estadounidense que anuló la mayor cantidad de deudas estudiantiles en la historia del país. Si bien la anulación fue satisfactoria, se trata, sin embargo, de una pobre acción. Entre 2006 y 2024, la deuda
Deuda
Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
estudiantil pasó de 520.000 millones de dólares a 1,770 billones de dólares / 1.770.000 millones de dólares). [1] Una situación catastrófica que tendría que haber tenido una reacción seria y rápida de parte de las diferentes administraciones. En su lugar, durante el gobierno de Biden-Harris solo un 12% de los y las estudiantes con deuda se beneficiaron de una rebaja o de una anulación total de sus deudas, [2] dejando al 88% restante a la espera de un cambio que no es seguro que algún día llegue.
Esa falta de rigor no es, en absoluto, sorprendente. Por una parte, esa anulación de deuda va en contra de los intereses de la élite burguesa estadounidense de la que Biden y otros miembros del gobierno forman parte. Además, el sistema jurídico que permite aliviar o suprimir las deudas estudiantiles está, en realidad, bloqueado, poniéndolo de facto al servicio de la élite. Finalmente, al retornar Donald Trump al poder, parece que se hubiera sacado de encima los compromisos del presidente saliente, enterrando las esperanzas de anulación que, sin embargo, reivindican millones de estudiantes. Una vuelta a otros cuatro años de inercia.
Estamos en 2019. El campo demócrata se apresta a elegir al o a la representante de su partido con la esperanza de recuperar la presidencia de Estados Unidos. En esa carrera, varios nombres se destacan. En primer lugar, dos independientes: Elizabeth Warren, [3] senadora por Massachusetts y Bernie Sanders, [4] senador por Vermont. Los dos preconizan un enfoque progresista radical sobre temas cruciales, por ejemplo: la puesta en marcha de un impuesto sobre las fortunas, un aumento importante del salario mínimo legal, el apoyo al Green New Deal y una anulación total de la deuda estudiantil.
Hace muchos años que la deuda estudiantil es un tema central en las reivindicaciones de la clase trabajadora. Especialmente es el espacio de lucha [5] del Debt Collective, [6] un sindicato de personas endeudadas que combaten por la anulación total de la deuda estudiantil y que intentan, mal que bien, que la clase dirigente escuche sus necesidades. [7]
Frente a lo que podríamos considerar casi como programas de ruptura, dado el contexto estadounidense, se erige un (viejo) hombre (blanco): el rey del consenso, Joe Biden. [8] Después de dos tentativas fracasadas en 1988 y 2008, Biden espera que su experiencia como vicepresidente de Obama le permita conseguir que el partido lo proponga como candidato. Para eso, una estrategia ideal: apuntar al centro.
Biden es consciente de la diferencia de intereses que existen entre las clases populares y la clase dirigente estadounidense. Si quiere evitar que Donald Trump gane de nuevo, debe encontrar el medio de reunir la rama tradicional del campo demócrata (¿que Biden representa?) con el ala progresista que las nuevas generaciones reivindican. De esa manera, gracias a muchas negociaciones internas, Biden logra que el partido lo nombre candidato demócrata, incluso antes de que termine el escrutinio. [9]
Ya oficialmente candidato, Biden contrajo numerosos compromisos, entre ellos: el de solucionar un sistema de préstamos a estudiantes completamente quebrado. Esa decisión era muy pertinente ya que con 43 millones de personas con deudas de hasta 30.000 dólares por cabeza, [10] el refuerzo electoral era numeroso. Además, adoptar esa estrategia le permitió incluir algunas propuestas de Warren y Sanders en su programa, aunque sin contrariar los pilares del partido.
Ya conocemos la continuación: Biden gana la carrera, el mundo respira, los colectivos de estudiantes están atentos. Biden prometió, debe cumplir.
Entre 1960 y 2024, el coste de una licenciatura de cuatro años en una universidad pública estadounidense pasó de 3.716 dólares a 89.556 dólares, o sea, un aumento de cerca del 2.300%
Cuando Biden accedió al poder y afirmó su compromiso a favor de la anulación de la deuda estudiantil, la situación era crítica. Entre 1960 y 2024, el coste de una licenciatura de cuatro años en una universidad pública estadounidense pasó de 3.716 dólares a 89.556 dólares, o sea, un aumento de cerca del 2.300%. [11] Esa explosión no deja otra opción, para las y los que quieren mejorar su nivel de vida, que pasar por la caja universitaria. O hay que tener padres ricos o hay que endeudarse.
La primera condición corresponde a un privilegio, la segunda a una necesidad de supervivencia. Efectivamente, gran cantidad de estudios han demostrado ampliamente que las personas beneficiadas de una gran cantidad de años de estudio, entre otras condiciones, tienen un riesgo de mortalidad inferior a aquellas personas que pasaron menos tiempo en la escuela, [12] tienen una menor probabilidad de acabar en la cárcel, [13] también una menor probabilidad de encontrase en el paro. [14] Una elección totalmente racional si se tiene en cuenta el sistema de salud del país y si se observan, al mismo tiempo, las condiciones carcelarias de los detenidos y las detenidas.
Las tareas que le incumben a Biden, son, por lo tanto, bastante simples de entender. Es necesario detener la hemorragia, reparar el sistema de préstamos a estudiantes y proponer alternativas para su continuación. Fue en ese contexto que lanzó en agosto de 2022 un plan de reducción de deudas [15]
En abril de 2024, Biden intentaba proseguir su gestión anunciando el Saving on Valuable Education Plan (SAVE), un programa cuyo fin es «reducir a la mitad el pago de los préstamos para estudios universitarios, garantizar a los prestatarios y las prestatarias que su saldo no aumentará jamás debido a los intereses impagos, ayudar a millones de prestatarios y prestatarias a reducir sus pagos mensuales y anular rápidamente la deuda de los y las que tienen un saldo más bajo». [16] Ambicioso y necesario, ese programa fue, sin embargo, suspendido por el juez J. Randall Hall, que consideró que el departamento de Educación no posee las competencias legales requeridas para tomar esa decisión. [17] Con falta de tiempo y de ganas —la campaña presidencial estaba en pleno desarrollo y las probabilidades de victoria disminuían— Biden renunció a defenderlo.
En enero de 2025, algunos días antes de la investidura de su sucesor, Biden anunció, como última acción de sentido común, la anulación de 600 millones de dólares para cerca 4.450 prestatarios y prestatarias en el marco del Income-based Repayment Plan.
En total, por medio de una veintena de acciones ejecutivas, el gobierno de Biden-Harris anuló la deuda de 5,3 millones de personas por una suma de 189.000 millones de dólares. Una cifra importante que nos alegra, ya que demuestra que anular una deuda es una elección profundamente política, pero que, desgraciadamente, sabe a poco, puesto que la gran mayoría de las personas involucradas permanece sin ningún cambio en su situación.
A lo largo de toda su carrera política, Biden, cada vez que lo pudo hacer, predicó contra los intereses de los y las estudiantes
Para darle sentido a ese fracaso, hay que reconocer primero que los planes de anulación propuestos por el gobierno de Biden-Harris se encontraron confrontados a una importante movilización jurídica en el campo republicano. Sin embargo, es necesario tener presente que el recorrido político de Joe Biden contribuyó profundamente a deteriorar el sistema de préstamo a estudiantes [18] que había prometido arreglar. Se impone una breve vuelta a unos años atrás.
En primer lugar, en 1978, Biden decidió sostener el Middle Income Student Assistance Act (MISAA), una ley, supuestamente inclusiva, que tenía por objetivo eliminar el límite de ingresos necesarios para contraer un préstamo estudiantil. En realidad, se trataba, sobre todo, de una nueva manera de integrar a los sectores más pobres de la población en la máquina del endeudamiento. Efectivamente, al adicionar los ingresos de base muy limitados con los intereses en alza y los préstamos que llegan a sus vencimientos, las personas se encuentran rápidamente en la obligación de contraer nuevos préstamos si no quieren llegar a la situación de no poder pagar sus deudas. Los préstamos se acumulan, y las personas se encuentran dentro del círculo vicioso de la deuda, incapaces de reembolsarla y, por consiguiente, totalmente dependientes de sus acreedores. [19]
Biden insiste en esa deriva, algunos meses más tarde, al corredactar una ley que prohibía a los y las estudiantes endeudados y endeudadas a acceder a una protección contra la falta de pago de esos préstamos después de la obtención del diploma, destruyendo las esperanzas de una solución para aquellos y aquellas que acababan de endeudarse para pagar sus estudios gracias a la MISAA.
Luego, en 1984, propuso una ley ampliando la precedente a los préstamos no concernientes a la enseñanza superior, tales como los préstamos para las escuelas profesionales.
En 2005, finalmente, tomó la decisión de apoyar la Bankruptcy Abuse Prevention and Consumer Protection Act (BAPCPA), una ley que tenía como objetivo dificultar la posibilidad de plantear una demanda de quiebra.
En resumen, a lo largo de toda su carrera política, Biden, cada vez que lo pudo hacer, predicó contra los intereses de los y las estudiantes. ¿Qué podemos esperar de un hombre que siempre hizo prevalecer su ascenso personal en detrimento del bien común?
De media, las mujeres consiguen un salario medio de $456.170 una vez diplomadas (o sea el 26% del salario de un hombre con el mismo nivel educativo) y, por lo tanto, tardan de media dos años más en reembolsar el préstamo
Si el gobierno de Biden-Harris aseguró acordar tanta importancia a la deuda estudiantil, fue también porque el Estado federal es casi el único acreedor de ese tipo de préstamos. Efectivamente, sobre los 1,7 billones de dólares que representa la deuda estudiantil, el 92,4% de esos préstamos fueron contraídos con el departamento de Educación. [20] Y con un interés Interés Cantidad pagada como remuneración de una inversión o percibida por un prestamista. El interés se calcula sobre la base de la cantidad de capital invertido o prestado, de la duración de la operación y del último tipo aplicado en ese momento. interanual oscilando entre el 6 y el 9%, esos préstamos representan una verdadera mina de oro para las finanzas del gobierno. Simplemente, el Estado federal estadounidense, en tanto acreedor casi exclusivo, se beneficia de su sistema educativo para enriquecerse a costa de su población. Como consecuencia, en una sociedad marcada profundamente por las desigualdades económicas, materiales y raciales, las personas no se sienten impactadas de la misma manera [que nosotros y nosotras N de T] por ese sistema de préstamos estudiantiles.
Por ejemplo, las personas racializadas tienen un riesgo mayor de contraer un préstamo ante el gobierno federal. Además, de media, terminan sus estudios con una deuda estudiantil superior en 25.000 dólares con respecto a la deuda estudiantil de las personas blancas. Finalmente, cuando terminan su licenciatura, el 48% de ellas se quedan con una deuda más importante que cuando comenzaron sus estudios, contra solo un 17% de las personas blancas. [21]
Esas desigualdades también se fundan en la diferencia de género. Las mujeres son las que obtienen la mayor cantidad de préstamos federales y poseen el 64% de la deuda estudiantil total. De media, las mujeres consiguen un salario medio de 56.170 dólares una vez diplomadas (o sea el 26% del salario de un hombre con el mismo nivel educativo) y, por lo tanto, tardan de media dos años más en reembolsar el préstamo. [22]
Las mujeres negras, al encontrarse en la intersección de esas desigualdades, son las que sufren las mayores consecuencias del endeudamiento estudiantil. Además, poseen una media de deuda individual de 75.000 dólares —o sea, el doble de la deuda media individual (38.375 dólares, como recordatorio) — y ven cómo aumenta su deuda, de media en un 13%, en los doce años que siguen a su graduación. [23]
Finalmente, uno de los segmentos demográficos por los que la deuda puede explotar es el de las personas de más de 62 años. Cada vez hay más personas mayores de 62 años que no terminaron de reembolsar su deuda estudiantil. Con un aumento del 500% en las dos últimas décadas, esa gente representa ahora cerca de 2,8 prestatarios y prestatarias que poseen una deuda colectiva de cerca de 121.000 millones de dólares. [24]
El balance Balance “Fotografía” a final de año de los activos (lo que la empresa posee) y pasivos (lo que la empresa debe) de una sociedad. Dicho de otra forma, los activos el balance aportan información acerca de la utilización de los fondos recabados por la sociedad. Los pasivos del balance informan sobre el origen de los fondos captados. que se puede hacer es simple: la anulación de una parte de la deuda estudiantil estadounidense bajo el gobierno de Biden-Harris es solo un árbol que tapa el bosque. No se hizo nada para solucionar el problema de manera estructural.
Para muchos, la presidencia de Biden representaba la mejor posibilidad de recibir una reducción o una anulación total de su deuda estudiantil. Esa esperanza resultó en vano. Las acciones de Biden fueron la imagen de su proyecto político: completamente apático. Siempre estuvieron marcadas por un compromiso frágil, por la prevalencia de su carrera personal y por los numerosos bloqueos judiciales. Ahora toca concentrarse sobre lo que seguirá. ¿Y qué será? Desde ahora, es Donald Trump el que lleva las riendas, y la dirección que quiere imponer es un gobierno capitalista tecnofascista, dispuesto a destruir todas las estructuras colectivas que podrían oponerse a su proyecto. ¿Su mayor preocupación? La puesta en marcha de un libertarianismo autoritario apoyado por los broligarcas [25] de Silicon Valley. ¿En su punto de mira? La inmigración, el fin del Green New Deal, China, las mujeres, las minorías. Un posicionamiento abiertamente xenófobo, misógino, entiecologista y profundamente imperialista. [26] Esa trayectoria, según Trump, permitiría poner fin a los grandes males del país. Relanzar la economía, proteger los intereses de su población (se sobreentiende los petits blancs [27] [blancos de clase baja, expresión que viene de las colonias francófonas, N de T), volver a los antiguos valores —familia, trabajo, Dios— con el objetivo de que pueda comenzar una «edad de oro» de Estados Unidos en el siglo XXI. Rodeado de Zuckerberg, Bezos y Musk, ahí está Trump, libre de transmitir sus discursos perversos, de censurar a aquellos y aquellas que lo atacan, de ocupar todos los espacios públicos y mediáticos que le otorga su estatus de presidente. Y esa deuda estudiantil sirve a su proyecto ideológico. Representa la debilidad de sus enemigos y el caos que allí reina, que son situaciones que le convienen muy bien. Las palabras de su gobierno son las más elocuentes:
«El pueblo estadounidense eligió a Donald Trump para la presidencia de Estados Unidos y le ha otorgado, por mandato, incrementar el impacto de cada dólar del contribuyente federal. […] La utilización de los recursos federales para hacer progresar la equidad marxista, el transgenerismo y las políticas de ingeniería social del Green New Deal es un despilfarro del dinero de los contribuyentes que no mejora la vida cotidiana de aquellos a los que servimos.» [28]
La educación debe ser percibida como un campo de batalla donde los intereses económicos y los proyectos ideológicos se entremezclan
La anulación de una parte de la deuda estudiantil estadounidense por el gobierno de Biden-Harris es un acontecimiento que satisface pero que sigue siendo mediocre con respecto al desafío que representa el acceso al saber. La educación, siempre presentada como un derecho fundamental y como una herramienta de emancipación por la clase capitalista, debe ser percibida como un campo de batalla donde los intereses económicos y los proyectos ideológicos se entremezclan. Dando rienda suelta a la prohibición de libros, [29] a la desinformación y a la censura, Biden recordó a todo el mundo que ese combate no era el suyo. En cuanto a Donald Trump, siempre lúcido cuando se trata de proteger sus intereses, parece tener la firme intención de aprovechar el desorden que reina entre los demócratas para establecer un proyecto civilizatorio del cual es garante. Le queda, otra vez más, a la clase de los y las (futuros
Futuros
Contrato a término
Un contrato a término o futuros (futures en inglés) es un compromiso firme de entrega normalizado, donde las características son conocidas de antemano, por una cantidad determinada de un activo subyacente definido con precisión, en una determinada fecha, denominada vencimiento, en lugar prefijado, y negociado en un mercado a término organizado. Los contratos a término son los instrumentos financieros que más se negocian del mundo.
y futuras) trabajadores y trabajadoras la necesaria tarea de hacer cambiar las cosas.
Traducción: Griselda Piñero Delledonne
[2] En internet: Biden announces final round of student loan forgiveness, bringing aid total to nearly $189 billion
[3] En internet: Who is Elizabeth Warren? Her 2020 presidential campaign and policies, explained | Vox
[7] En internet: https://www.cadtm.org/Manuel-de-resistance-contre-la-dette-illegitime-aux-Etats-Unis
[12] Effects of education on adult mortality: a global systematic review and meta-analysis. (2024) Balaj, Mirza et al. The Lancet Public Health, Volume 9, Issue 3, e 155 – e 165.
[13] Education Levels of Federally Sentenced Individuals. (2023). United States Sentencing Commission. En internet: Education Levels of Federally Sentenced Individuals
[14] Learn more, earn more: Education leads to higher wages, lower unemployment. (2020) Career Outlook, U.S. Bureau of Labor Statistics
[15] Para leer sobre el tema, léase] que tenía por objetivo anular una suma de hasta 10.000 dólares para personas que ganasen menos de 125.000 dólares por año y hasta 20.000 dólares para las más pobres, que hubieran sido beneficiarias de una beca Pell Grant.[[La beca Pell Grant es una beca federal que permite a los y las estudiantes que provienen de familias de bajos ingresos poder seguir sus studios universitarios.
[16] En internet: https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2024/04/08/president-joe-biden-outlines-new-plans-to-deliver-student-debt-relief-to-over-30-million-americans-under-the-biden-harris-administration/
[18] En internet: How Biden helped create the student debt problem he now promises to fix | US elections 2020 | The Guardian
[19] En internet: https://www.washingtonpost.com/made-by-history/2022/09/13/50-year-path-that-left-millions-drowning-student-loan-debt/
[21] Ibid.
[23] Ibid.
[24] Ibid.
[25] La «Broligarquía» (contracción entre brothers, hermanos, y oligarquía) es un neologismo que alude a un grupo de hombres ultra ricos que ejercen un poder o una influencia desmesurada en el seno de una estructura política, especialmente, abrazando puntos de vista considerados como antidemocráticos, tecnofascistas y masculinistas. En internet: https://en.wiktionary.org/wiki/broligarchy y Musk, Zuckerberg, Bezos, Altman… la « broligarchie » a raflé la mise - Le Soir
[26] Anexar Groenlandia, cambiar el nombre al Golfo de México por Golfo de América, retomar el control del canal de Panamá… Donald Trump es una fábrica de proyectos imperialistas.
[27] Concepto tomado de Houria Bouteldja: Para saber más: «Beaufs et Barbares: le pari du nous» (2022) y «Lse Blancs, les juifs et nous: vers une politique de l’amour révolutionnaire» (2016)
[29] En internet: https://www.ala.org/bbooks/censorship-numbers
«La oficina para la libertad intelectual de la ALA (Asociación de librería estadounidenses) documentó 1247 demandas de censura de libros y de recursos de biblioteca en 2023. El número de títulos a ser censurados subió un 65% en 2023 en relación a 2022, alcanzando los niveles más altos jamás documentados por la Oficina de la libertad intelectual, durante más de 20 años de seguimiento: 4.240 títulos de libros únicos fueron detectados para eliminarlos de las escuelas y bibliotecas. Esa cifra supera el precedente récord de 2022 en que 2.571 títulos únicos fueron objeto de censura. Los títulos que representaban las voces y las experiencias vividas por personas LGTBQIA+ y BIPOC fueron el 47% de los títulos, objetivos para las tentativas de censura.»
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